¿Estás alienado?
El filósofo y sociólogo Karl Marx, en Manuscritos económico-filosóficos de 1844, escribió una sección denominada “El trabajo enajenado”.
El término enajenado/alienado proviene del latín alienus, que sería como decir algo por el estilo de: “ajeno”, “perteneciente a otro”.
Una vez establecido el concepto, podemos decir que el título mencionado anteriormente sería como decir: El trabajo que no te pertenece.
Marx plantea que existen 4 tipos de alienación respecto al trabajo:
1- Alienación del producto del trabajo
“El objeto producido por el trabajo, su producto, se enfrenta a él como algo extraño, como un poder independiente del productor.”
Marx sostiene que lo que el individuo produce, le es extraño, no le pertenece.
“Hasta tal punto se convierte la apropiación del objeto en enajenación, que cuantos más objetos produce el obrero menos puede poseer.”
“En efecto, partiendo de esta premisa resulta claro que cuanto más se mata el obrero trabajando, más poderoso se torna el mundo material ajeno a él que crea frente a sí, más pobres se vuelven él y su mundo interior, menos se pertenece el obrero a sí mismo”
Nos sentimos “alienados” en nuestro trabajo porque los resultados que producimos no nos pertenecen y se da la extraña paradoja de que mientras más objetos/resultados producimos, menos podemos poseer de eso, por tanto, nuestro mundo interior y sentido de mismidad se desmoronan.
2- Alienación de la actividad productiva
“La enajenación no se manifiesta solamente en el resultado, sino también en el acto de la producción, en la misma actividad productiva”
Ahora bien, ¿en qué consiste la enajenación del trabajo?
Escribió Marx: “En primer lugar, en que el trabajo es algo externo al obrero, es decir, algo que no forma parte de su esencia, en que, por tanto, el obrero no se afirma, sino que se niega en su trabajo, no se siente bien, sino a disgusto, no desarrolla sus libres energías físicas y espirituales, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por tanto, el obrero sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en éste se siente fuera de sí. Cuando trabaja no es él, y sólo recobra su personalidad cuando deja de trabajar… El carácter extraño del trabajo que realiza se manifiesta en toda su pureza en el hecho de que el trabajador huye del trabajo como de la peste, en cuanto cesa la coacción física, o cualquiera otra que constriñe a realizarlo.”
Marx establece que el individuo no es dueño del objeto que produce, por tanto, de manera lógica tampoco “posee” ni decide sobre la actividad que realiza. Detesta cada hora de trabajo, y no aguarda la hora para salir huyendo apenas se le notifica su turno ha llegado a su fin.
¿Te sentís familiarizado con esta sensación?
Según el State of the Global Workplace de Gallup (2025):
21% de los trabajadores en el mundo están “engaged” (comprometidos/implicados)
62% no están engaged
15–17% están “actively disengaged”
“Engaged” en este contexto significa: sienten entusiasmo por su trabajo, están involucrados emocionalmente y sienten cierta conexión con lo que hacen.
Es decir, el 80 % de las personas a nivel mundial se sienten “alieneadas” en sus respectivos empleos.
“Llegamos, pues, al resultado de que el hombre (el obrero) sólo se siente como un ser que obra libremente en sus funciones animales, cuando come, bebe y procrea o, a lo sumo, cuando se viste y acicala y mora bajo un techo, para convertirse, en sus funciones humanas, simplemente como un animal. Lo animal se trueca en lo humano y lo humano en lo animal.”
3- Alienación de la esencia humana (o género humano):
“Es sólo y precisamente en la transformación del mundo objetivo donde el hombre, por tanto, comienza a manifestarse realmente como ser genérico.”
Según Marx, el hombre es creativo por naturaleza, el trabajo creativo es lo que nos define como humanos, pero cuando nos alienamos, perdemos nuestro propósito y esa identidad que nos define como “humanos”. Terminamos comportándonos como animales, producimos al igual que ellos, solamente para satisfacer nuestras necesidades inmediatas y no transformando nuestra realidad material ni ejerciendo nuestra creatividad.
4- Alienación de los demás trabajadores:
“Consecuencia directa del hecho de que al hombre le es enajenado el producto de su trabajo, de su actividad de vida, de su ser genérico, es la enajenación del hombre con respecto al hombre. Al enfrentarse el hombre a sí mismo, se enfrenta también al otro hombre. Lo que decimos de la relación entre el hombre y su trabajo, el producto de su trabajo y él mismo, vale también para la relación entre el hombre.”
Según Marx, como consecuencia directa de los 3 tipos de alienaciones anteriores, se genera un cuarto tipo de alienación: los hombres terminan alienándose de los otros hombres. Vemos a los demás como competencia, como un medio para un fin. Es más, inclusive un trabajador es considerado tan solo una tuerca más en el sistema que puede ser reemplazada fácilmente.
Ese Ser ya no es Ser, perdió su valor intrínseco como humano.
Ahora que nos encargamos de conceptualizar los 4 tipos de alienación, quiero dejarles una experiencia que fue transmitida a mí por un ex colega docente que encapsula todo este ensayo de manera perfecta.
Este excolega, llamémosle Robert, me contó la siguiente experiencia:
Robert: “Antes de enseñar acá, trabajé un par de años en una fábrica”
Yo: “En serio? No te veo en ese ámbito, especialmente porque ahora te dedicas a enseñar ajedrez, una rama extremadamente particular.”
Robert: “Así es, odiaba cada día que estaba ahí. Me levantaba, iba a la fábrica, hacía cosas que no me interesaban, volvía a mi casa y aparte, me dedicaba al ajedrez. Era una rutina que me estaba matando. El tiempo se difuminó, pasaron unos años y ni siquiera me di cuenta.”
Yo: “¿Y que te llevó a tomar la decisión de salir de la fábrica? No es una decisión simple el dejar un trabajo estable para dedicarse a lo que a uno le gusta, encima algo tan particular como lo tuyo”.
Lo que me contestó me heló la sangre.
Me dijo que, en esa fábrica, había un señor que se dedicaba a todo lo que fuera reparaciones, que se había jubilado hace cuestión de días. Trabajó allí más de 40 años. Ya era muy anciano.
Hubo un temporal, y el techo de chapa que cubría todas las sierras y demás del lugar en donde ellos trabajaban salió volando.
Robert: “Mi jefe le llamó muchísimo al señor para que venga a solucionar el tema del techo, pese a que ya estaba jubilado, le insistió sin parar hasta que el señor aceptó y se fue”.
Acá ya me estaba empezando a dar una idea de cómo iba a concluir la historia…
Continuó Robert: “Estábamos trabajando mientras el señor estaba en el techo, cuando por un error, cae por el agujero y su cabeza impacta de manera directa sobre una de las sierras que estaban abajo. Murió al instante.”
Le miré, me quedé callado. Mi silencio era un indicador de que prosiga con la historia.
Me dice:
“Un señor que ya estaba muy viejo para ese trabajo y que ni siquiera tenía que haber estado haciendo ese trabajo, murió ahí, a metros de distancia de donde yo estaba sentado. Vi su cadáver y el charco de sangre. Sencillamente nos mandaron a todos a nuestra casa y terminó el día.
Al día siguiente, volvemos al lugar COMO SI NO HUBIERA PASADO NADA. El piso limpio, techo arreglado y nadie dijo nada. Todos fingieron demencia. El señor que dedicó toda una vida a la fábrica era una tuerca más, alguien absolutamente reemplazable, cuya muerte significó nada. Me senté en mi asiento y miré el lugar en donde el día anterior, a metros de distancia, había estado el cuerpo y llegué a la terrible conclusión de que el día de mañana, dentro de unos años que pasarán volando sin que me dé cuenta, ese podría ser yo.
Ahí mismo renuncié y nunca más miré atrás.”
Para finalizar, te vuelvo a hacer la misma pregunta inicial:
¿Estás viviendo… o estás alienado?
Bibliografía
- Gallup. (2025). State of the Global Workplace: 2025 Report – Global Data.
https://www.gallup.com/workplace/697904/state-of-the-global-workplace-global-data.aspx
- Marx, K. (1844). Manuscritos económico-filosóficos de 1844.


