Vas a morir.
"Has nacido mortal, has parido mortales. Piensa en todo, espéralo"
Me animaría a decir que la muerte es la primera y mayor situación límite (recomiendo leer mi substack denominado Otra visión sobre las situaciones límite para mayor comprensión de este concepto) con la que el ser humano tiene que lidiar, y lo peor de esto es que casi siempre nos toca hacerlo en nuestra más tierna infancia.
El filósofo Martin Heidegger decía que somos seres para la muerte (Sein-zum-Tode).
La muerte es la posibilidad más radical del ser humano, es absolutamente ineludible. Según él, la mayoría de las personas vive de manera in-auténtica: dormidas, anestesiadas; sin siquiera atreverse a pensar en qué van a morir.
Planteó que al asumir nuestra finitud; nuestra existencia adquiere sentido.
Nos hace vivir de manera auténtica: presente.
Al hacerlo, nos apropiamos de nuestra vida y de nuestro propio destino.
Sin embargo… más fácil decirlo que hacerlo.
¿Cómo encaramos el hecho de que, efectivamente, podemos morir en cualquier momento?
El gran filósofo Séneca escribió bastante al respecto; él consideraba que la diosa Fortuna podía presentarse ante nosotros para otorgarnos abundancia… como también, en un abrir y cerrar de ojos, la desgracia y la ruina.
“Cada vez que caiga uno a tu lado o a tu espalda exclama: No me engañaras, Fortuna, ni me sorprenderás confiado o descuidado. Sé que andabas maquinando: has golpeado a otro, pero me buscabas a mí”
Por algún motivo, consideramos que las desgracias nos son absolutamente ajenas e imposibles.
“No nos figuramos ninguna desgracia antes de que nos suceda. Pasan ante nuestra casa tantos entierros: no pensamos en la muerte; tantos funerales de niños: nosotros tenemos en mente la toga de nuestros hijos, su servicio militar, su sucesión a la herencia paterna.”
En vista a que podemos estar adormecidos, cómodos, viviendo de manera in-auténtica por largos años de buena fortuna… Séneca recomendaba que nos tomemos unos minutos al día para realizar la praemeditatio malorum.
Esta es una práctica estoica que significa literalmente “la premeditación de los males”. Consiste en anticipar mentalmente posibles desgracias, pérdidas o adversidades, no para volverse pesimista, sino para prepararnos emocional y racionalmente ante ellas. Es una forma de fortalecer el carácter y cultivar la serenidad.
A continuación, una praemeditatio senequista:
“La fortuna nada otorga en propiedad.
Nada hay estable ni en privado, ni en público; tanto el destino de los hombres como el de las ciudades cambia.
Todo cuanto prolongadas generaciones han construido con asiduos trabajos y la continua protección de los dioses, lo dispersa y destruye un solo día. Una hora y un instante bastan para abatir los imperios.
¡Cuántas veces ciudades de Asia, cuántas veces ciudades de Acaya se derrumbaron en una sola sacudida de terremoto! ¡Cuántas fortalezas en Siria, cuántas en Macedonia fueron engullidas! ¡Cuántas veces semejante calamidad desoló a Chipre!
Todas las obras de los mortales están condenadas a morir, vivimos en medio de cosas perecederas.
Has nacido mortal, has parido mortales.
Piensa en todo, espéralo.”
Si bien la muerte me aterra, como a la gran mayoría, y no paso un día sin pensar en ella (especialmente desde que nació mi hija) porque mi muerte representaría la pérdida de un sostén importante para mi familia; también pienso, peor aún, en la posible muerte de ella.
Todo representa un peligro que puede arrebatarme a lo que más amo en esta tierra.
Sin embargo, estos amargos pensamientos funcionan como cruel recordatorio diario de que:
Somos mortales, somos finitos…
Y esto, de manera paradójica, me genera cierto bienestar.
Me recuerda que todo se va a acabar mucho más rápido de lo que me gustaría aceptar.
Esto impulsa en mí un sentimiento de apreciación, de agradecimiento: cada instante es infinitamente valioso.
El tiempo apremia: Cada segundo, hora, día, mes y año son únicos.
No puedo desperdiciarlos.


